El Testimonio de Daniel

¿Qué puede decir un actor sobre Santa Teresa?

Un buen día me comentaron la posibilidad de sustituir a un gran actor, Pedro Martínez , en una obra de teatro escrita y dirigida por el brillante dramaturgo Juan Mayorga titulada “La Lengua en Pedazos” basada en la vida de La Santa, interpretada por la enorme Clara Sanchis. El personaje que me tocaba defender era “El Inquisidor”. Un personaje que rebate todo el pensamiento de la protagonista. Ardua tarea la que me encomendaban. Ardua tarea a la que me encomiendo.

Desde el primer día de estudio, desde el primer día de ensayos con Juan y Clara,  desde la primera línea del texto hasta la última que Juan había destilado, exprimido, analizado, añadido y borrado, configurado dramatúrgicamente, los personajes me fascinaron. Me estremeció el pensamiento de Santa Teresa. Su forma de expresar, su forma de rebatir, su pasión, su vehemencia, su modernidad, sus reflexiones, que la sitúan entre los/las pensadores más interesantes de todos los tiempos, su subversión, mejor dicho, su tremendo amor subversivo. La palabra en acción. El amor como detonante de todo lo demás. El más maravilloso de los éxtasis. Su lucha contra la conformidad, contra lo establecido, contra la imposición de preceptos arcaicos, su visión del infierno, su visión del paraíso. Sus manos, su voz, sus gestos, su mirada, su palabra, sus silencios. Un fascinante “paseo” por su vida, desde su infancia hasta el momento que funda el Monasterio de San José y El Inquisidor aparece en la cocina del monasterio.

El tremendo combate que se libra en las tablas entre una monja desobediente, Santa Teresa, y un guardián de la Iglesia, El Inquisidor deja huella en los personajes pero también en los actores que los interpretan. Deja huella en los espectadores que asisten al acto. Nadie, ateos y creyentes, queda indiferente ante lo que se cuenta y debate. Una mujer y un hombre. Una cocina. Un monasterio. Las mismas creencias pero tan diferentes en su aplicación. Un mismo Dios y una misma fe. Doce monjas y una grandísima líder, Santa Teresa. La imaginación es la loca de la casa, castillo interior y entre pucheros anda Dios.

Y citando a Juan Mayorga me gustaría terminar con esta idea: “Al fin siempre será menos importante lo que podamos decir sobre Teresa que lo que Teresa puede decir sobre nosotros”.